10 Feb Mitos de cocina que todos creemos… pero que no funcionan
En el mundo culinario abundan “trucos” que pasan de generación en generación o que se viralizan en redes sociales, pero muchas veces no funcionan realmente y pueden incluso complicar tus resultados en la cocina. Aquí desmitificamos algunos de los más comunes, con un lenguaje claro y útil para tu día a día.

Uno de los mitos más difundidos es que agregar leche a los huevos revueltos los hace más esponjosos. Aunque suena lógico —como si leche más huevos fuera igual a más volumen— los expertos en cocina coinciden en que la leche no ayuda a que los huevos queden más fluffys. En realidad, al añadir leche se diluyen las proteínas del huevo y esto puede hacer que la mezcla se separe, se haga menos tierna y termine más seca o quemada si se cocina mal. La textura suave viene de batir bien los huevos y cocinarlos a baja temperatura, no de la leche.

Otro “truco” que seguro has escuchado es que poner sal al agua hace que hierva más rápido. No es cierto: la sal sí sube ligeramente el punto de ebullición del agua, pero la cantidad que usualmente añadimos en casa es tan pequeña que no cambia los tiempos de hervor de forma práctica. Su principal función es sazonar la pasta desde dentro, no acelerar la cocción.

Un hábito muy común en muchas cocinas es lavar el pollo crudo antes de cocinarlo, pensando que eso elimina gérmenes o hace la carne más segura. ¡Al contrario! Los expertos en inocuidad alimentaria recomiendan no hacerlo, porque el agua al chocar con la superficie puede esparcir bacterias como Salmonella o Campylobacter por tus utensilios, mesones o superficies, aumentando el riesgo de contaminación cruzada. La forma segura de eliminar estos patógenos es cocinar el pollo a la temperatura adecuada, no lavarlo.

La próxima vez que escuches algún “atajo de cocina mágico”, recuerda: muchas veces el consejo parece razonable, pero la ciencia y los profesionales culinarios tienen otra opinión.
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